MANUAL TEÓRICO-PRÁCTICO PARA APOYAR Y PROMOVER LA RESILIENCIA DE LOS NIÑOS Y NIÑAS VICTIMAS DE LOS MALOS TRATOS Y DE LA VIOLENCIA

Dr. Jorge Barudy Labrin                     

Maryorie Dantagnan Dantagnan

 

 

 

El concepto de resiliencia aplicado a la infancia nace de la constatación que algunos niños, niñas y adolescentes  resisten mejor que otros los avatares de la vida, los malos tratos, la adversidad y la enfermedad.

Lo que expondremos a continuación, es que la resiliencia infantil, es una capacidad que los niños y los adolescentes pueden desarrollar cuando sus recursos naturales se desarrollan y se potencian gracias a las competencias y habilidades de adultos significativos que satisfacen sus necesidades y les respetan como sujetos de derechos. En este sentido, hablaremos de  resiliencia primaria, para referirnos  aquella que se constituye en los primeros  cuatro años de vida y que tiene que ver con un desarrollo sano,  gracias a los cuidados, la estimulación, la protección y el afecto que los adultos  proporcionan a los niños

Los estudios sobre el impacto positivo de los buenos tratos a la infancia, para el desarrollo infantil, nos ponen en contacto con el ingrediente básico de la  resiliencia primaria. Es decir, el maravilloso mundo del desarrollo de un apego seguro, empatía, habilidades, conocimientos, destrezas y comportamientos sociales  altruistas, a través de los cuales los niños y niñas van ganando competencias, hasta alcanzar la madurez. Este desarrollo sano es lo que proporcionará a los niños y a los adolescentes la capacidad de  hacer frente al desafió de  existir y de desarrollarse, haciendo frente a experiencias difíciles y traumas de diferentes tipos, sin dañarse irremediablemente. El entorno inmediato de los buenos tratos infantiles lo constituyen, las madres y  los padres, cuando estos gracias a historias de vida suficientemente  adecuadas y contextos sociales suficientemente  justos y solidarios  pudieron desarrollar competencias parentales.

Las competencias parentales que facilitan la resiliencia primaria, son aquellas que permiten una vinculación sana y empática con los hijos e hijas, unos intercambios afectivos y relacionales de calidad, una comunicación  que les  trasmite casi siempre un respeto incondicional, la integración de modelos  educativas, una integración de valores constructivos y solidarios y una identidad, así como una autoestima sana.

Nuestras experiencias e investigaciones nos permiten afirmar sin ninguna duda que los hijos e hijas de padres y madres competentes, pueden enfrentar mejor el contenido traumático de los contextos de pobreza, de la violencia organizada de las guerras, las represiones políticas, o las persecuciones sexistas, religiosas u otras. Esto no quiere decir que no sufran, sino que son capaces de seguir creciendo y desarrollándose  de una forma suficiente adecuada, integrando incluso estas experiencias difíciles de una forma constructiva.  Los padres y madres competentes,  pueden ser considerados como tutores de desarrollo que permiten el desarrollo de esta resiliencia primaria

Por otra parte, los que hemos optado por consagrar nuestras vidas personales y profesionales para contribuir al bienestar, de  aquellos niños y niñas que son hijos de padres y madres que no pudieron desarrollar competencias parentales, nos asombran constatar las  capacidades de estos menores  para sobrevivir y salir adelante.

Estos hijos  hijas de  madres  y padres que por sus incompetencias maltratan a sus hijos, han podido desarrollar lo que llamamos la resiliencia secundaria, porque encontraron en su entorno próximo, en las instituciones y en la sociedad en general, los nutrientes y los recursos necesarios para transformar sus dramas y tragedias en un proyecto de vida, suficientemente sano y muchas veces productivo tanto para personas que les ha tocado vivir algo parecido, como para la sociedad en general. 

La resiliencia tanto primaria como secundaria son dos conceptos que nos orientan a la hora de diseñar programas de prevención y de  tratamiento del sufrimiento infantil, sobre todo aquel originado por la incapacidad de los adultos para crear  entornos  nutritivos y no violentos para los niños y niñas. En ellos no basamos par desarrollar los programas terapéuticos destinados a víctimas infantiles de descuido y negligencia afectiva, maltrato físico y psicológico y abusos sexuales intrafamiliares. Pero también, para trabajar con el sufrimiento de las víctimas infantiles de la violencia institucional, cultural, social y económica.

Nuestras experiencias e   investigaciones nos  han permitido comprobar la lista de factores que se relacionan con lo que nosotros llamamos la resiliencia secundaria. En primer lugar hay  que mencionar la resiliencia primaria que emerge de los contextos de buenos tratos.   Además están los factores protectores del temperamento de los niños, los recursos existentes en la familia nuclear y extensa  en tantos sistemas sociales, el apoyo afectivo y el reconocimiento de  sus sufrimientos y la injusticia que  los niños pueden encontrar  en sus redes sociales, especialmente en la escuela. Cuando el niño o la niña se siente apoyado y comprendido por lo menos por un  adulto – tutor o tutora de resiliencia – las investigaciones han demostrado cómo el auto-concepto que integra estas experiencias permiten al niño consagrar sus esfuerzos a  buscar alternativas a su situación  y no repetir los modelos de malos tratos en el futuro. Las capacidades de entenderse a uno mismo y poner los límites respecto a los factores de estrés familiar a largo plazo, así como explicarse  la enfermedad mental y/o comprender las incompetencias de sus padres, refuerzan  una  autoestima positiva como resultado de las competencias para adaptarse a las circunstancias de la vida y para respetarse a sí mismo.

Las investigaciones sobre la resiliencia han orientado en gran medida nuestra labor clínica e  investigativa. Creemos que  el reconocimiento de este fenómeno  en los adultos y sobre todo en los niños y adolescentes es un aporte fundamental para que los profesionales orienten sus intervenciones creando  contextos que apoyen la resiliencia primaria y faciliten la emergencia de la resiliencia secundaria. El concepto de resiliencia nos sirve no sólo como guía para establecer criterios de actuación preventiva con los niños y los adultos, en el sentido de apoyar sus recursos naturales para afrontar el  daño, sino que además son criterios para que los profesionales pongan sus propios recursos resilientes al servicio de la reparación terapéutica  de las víctimas.

 

EL CONTENIDO DE LAS INTERVENCIONES SOCIALES, EDUCATIVAS, LEGALES Y TERAPÉUTICAS QUE FACILITAN LA EMERGENCIA DE LA RESILIENCIA SECUNDARIA.-

 

Las investigaciones, así como nuestras propias constataciones clínicas, nos  han permitido establecer el contenido de las experiencias relacionales que favorecen la emergencia de la resiliencia secundaria en los niños, adolescente y adultos.

 

§        Las vinculaciones afectivas seguras, fiables y continuas     por lo menos con un adulto significativo, de preferencia de su red familiar o si no de la  red social incluyendo a los profesionales.

§        Procesos relacionales que les han permitido tomar consciencia de su condición de víctimas, dándole un sentido a las experiencias traumáticas. Esto equivale a facilitar la  elaboración y la simbolización de las experiencias traumáticas  por muy duras que éstas hayan sido.

§        Vivir experiencias de apoyo afectivo y social, es decir, el apoyo incondicional, de calidad y perseverante de por lo menos un tutor o una  tutora de resiliencia.

§        Participar en actividades que por su contenido valórico y espiritual les permitieron acceder a una visión trascendente de lo humano, así como a un compromiso social, religioso o político altruistas  para lograr sociedades más justas, solidarias y sin violencia.

§        Experiencias que promuevan la alegría y el humor.

§        Actividades que permiten desarrollar la creatividad y el arte.

 

En este sentido, la propuesta de los talleres educativos terapéuticos con niños y niñas, son parte de lo que llamamos resiliencia secundaria, que a continuación describiremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROPUESTA DE TALLERES EDUCATIVO-TERAPÉUTICOS PARA NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES PARA APOYAR Y FACILITAR LA RESILIENCIA.

 

 

MARCO DE TRABAJO

 

Los talleres educativos-terapéuticos para apoyar y promover la resiliencia dirigidos  deberían conformar  parte de un modelo de trabajo integral con los niños y sus familias.  Esta atención se complementa con otras actividades, como por ejemplo: grupo de padres para la promoción de la parentalidad sana y competente, acompañamiento psico-social y terapéutico a las familias, así como atención psicoterapéutica individual a estos niños y niñas. 

 

Incorporando los talleres al trabajo que los profesionales ya realizan en diferentes ámbitos de la infancia,  puede convertirse en un espacio de intervención terapéutica y de apoyo social. Además, es una posibilidad de conocer experiencias reparadoras y correctivas para los niños que han sufrido también de modo directo o indirecto las consecuencias de la violencia en sus familias.

 

El momento para la incorporación de los talleres en vuestras prácticas  debería ser evaluado, por ejemplo, sería muy pertinente  si existe previamente una experiencia positiva en los niños y un vínculo  afectivo con los animadores, lo que les permite  poder ir desarrollando las bases para integrar recursos importantes, como son la confianza, el respeto, los turnos, los tiempos de cada uno, el trabajo en equipo, etc.

 

OBJETIVOS

 

Los talleres educativos-terapéuticos basados en el apoyo y promoción de la resiliencia esperan contribuir a que los niños:

 

1.     Vivan una experiencia de buenos tratos, a nivel individual y colectivo.

2.     Participen en una dinámica de apoyo mutuo y de sostén afectivo.

3.     Integren modelos de comportamiento y de relación constructiva y respetuosa.

4.     Compartan  una dinámica de construcción colectiva de narrativas que le  dé sentido y normalicen la singularidad de sus historias, incluyendo sus historias familiares, culturales y sociales.

5.     Reciban una dosis masiva de placer, entretenimiento y cuidados.

 

 

La tarea de los animadores a través de la realización de los talleres propuestos esperan contribuir a la resiliencia infantil, porque a través de ellos, esperamos que los niños  y niñas….

 

ü    Se sientan queridos y respetados, por lo tanto reconocidos como sujetos  legítimos en la convivencia con sus pares y con adultos terapeutas.

ü    Reciban aportes para un mejor conocimiento de sí mismos y de la realidad que les ha tocado vivir:

ü    Mejoren su inteligencia emocional.

ü    Tomen consciencia de sí mismos y de su entorno,  legitimando sus mundos afectivos.

ü    Desarrollen una identidad que les permita descubrirse como un sujeto valioso, valiente y con recursos.

ü    Desarrollen una autoestima más positiva.

ü    Desarrollen  habilidades relacionales adecuadas y respetuosas

ü    Fomenten  y desarrollen  la capacidad de reírse , incluso de sí mismos

ü    Fomenten su creatividad

ü    Reciban modelos de comportamientos constructivos y altruistas: aprendan a modular sus emociones, a auto controlarse y modular sus fantasías.  

 

 

GRUPOS: (criterios para la conformación de los grupos)

 

En relación a los participantes: los grupos pueden ser abiertos o cerrados, los grupos abiertos son aquellos en que los participantes pueden ir entrando en cualquiera etapa del ciclo del taller. Los grupos cerrados lo conforman los mismos participantes desde el inicio  hasta el final del ciclo del taller.

 

En general, el contenido educativo-terapéutico que podemos desarrollar en los talleres para niños que han vivido situaciones difíciles, requieren un trabajo que amerita un grupo más estable y permanente en el tiempo, por lo que es preferible la modalidad de grupos cerrados. En ellos, los niños podrán sentirse más cómodos y en mayor confianza mientras avanzan en su proceso personal y grupal.

 

En relación a las edades: Las unidades están programas para trabajar con niños de las siguientes edades:

 

-         7-9 años  (grupo A)

-         10- 12 ó 13 años (grupo B)

 

Vuestra experiencia en los grupos con los niños permitirán concluir si los niños/as que asisten actualmente pueden realizar las actividades (terapéuticas – educativas) que se proponen a realizar.

 

El rango de edad es una guía solamente.  Es muy importante asegurarse que las edades cronológicas están lo más acordes o no discrepen mucho  con el nivel del desarrollo  evolutivo que presentan los niños, para que así no haya tanta heterogeneidad del grupo para una determinada tarea o actividad.

 

El número de niños por grupo generalmente es de un promedio de 8.

 

En relación al sexo: Niños y niñas pueden trabajar bien juntos en todas las edades, aunque en alguna fase de su desarrollo pueden evitar el sexo opuesto y preferir estar y compartir con los de su mismo sexo.  Lo importante es que en un grupo, ambos sexos tiendan a estar equiparados; cuando esto no ocurre, niños y niñas pueden inhibirse mucho y entorpecer su trabajo y el del grupo mismo.

 

En relación a la problemática:

 

La complejidad de las dificultades que pueden presentar niños y niñas de esta población nos puede llevar a ofrecer grupos que se conforman en torno a temáticas específicas, por ejemplo: duelo, abusos sexuales extra-familiares o intrafamiliares, comportamientos destructivos, adaptación escolar, hiperactividad, TSPT, elaboración de situaciones traumáticas, etc. Estos talleres  de contenidos terapéuticos específicos requieren de muchos recursos y preparación para hacer frente a cada una de estas necesidades específicas debido a su complejidad.  Esto puede ser resultado más adelante una vez realizados los talleres de contenidos terapéuticos generales, como los que se proponen en este manual.  Por tanto, una vez terminado el primer ciclo se deja un tiempo de descanso y luego se puede volver a retomar el trabajo en los próximos tres meses abordando contenidos de mayor complejidad.

Los contenidos terapéuticos generales aunque no menos complejos de tratar, como  los sentimientos, la identidad, la autoestima, las destrezas comunicativas y el trabajo en grupo son temas abordados a través de muchas actividades lúdicas que nos permiten introducirnos al mundo afectivo de los niños sin que se tan sientan amenazados.

 

        

Criterios definidos:

 

Los siguientes son aspectos que podemos considerar para incorporar los niños a los talleres:

 

-   Niño o niña entre 7 y 13 años. Para conformar los grupos sugerimos seleccionar niños de edades similares (o nivel de desarrollo)  así un chico o chica puede tener al menos un compañero que se desenvuelve al mismo nivel.

-         Niño/a no presenta trastornos severos de tipo psiquiátrico, ni cognitivo.

-         El niño o niña está protegido y su contexto de vida familiar garantiza mínimamente sus necesidades básicas.

-         El niño o niña puede haber recibido o está recibiendo atención psicoterapéutica individual.

 

 

Ciclo de taller:

 

En general, los talleres tienen una duración  alrededor de tres meses, y giran alrededor de 10 a 12 sesiones. La duración oscila entre una hora y media y dos.  Para niños que vienen de contextos familiares y social poco organizados o más bien, desestructurados es muy importante intentar ofrecer  un trabajo regular que se mantenga en el tiempo con una frecuencia regular (semanal o cada quince días)  durante todo el ciclo de los talleres en este sentido, los cambios deberían  ser mínimos respecto a esto.

 

 

Animadores:

 

Lo más frecuente y recomendado es trabajar en compañía de un co- terapeuta.  Al introducir contenidos terapéuticos, deberíamos contar por lo menos con un terapeuta para cada grupo, acompañado de otro profesional para así trabajar en diada.  Por ejemplo, el o la terapeuta puede tener un rol más activo y directivo durante la actividad terapéutica del taller, ayudado por el co-animador.  Por otro lado, el o la co-animadora puede dirigir con ayuda del terapeuta lo que antecede y sigue de la actividad terapéutica.  Es importante que ambos participen durante todo la sesión.

 

 

PROCEDIMIENTO

 

La iniciación del ciclo de taller  requiere de actividades previas que garanticen el desarrollo óptimo de las actividades. Por ejemplo:

-         Conseguir el apoyo y compromiso de un referente o adulto responsable  para que sus hijos o tutorados asistan al taller. Hacerlos partícipe del propósito del taller, (el por qué, para qué y qué se hace en los talleres; de la importancia en cumplir con la asistencia, (llevando y trayendo al hijo o hija,) sabiendo de antemano cuáles días son posibles de trabajar durante el ciclo del taller, si hay feriados u otras actividades que se entrecruzan con el taller.  La idea es que cada niño pueda asistir el máximo de sesiones, evitando la deserción y la inasistencia.

-         Planificar las actividades para  el ciclo del taller, por ejemplo. aunque los temas, sus objetivos y estrategias pueden planificarse con anterioridad, es el proceso grupal que determinará  a qué ritmo ir trabajando. Incluso, se pueden variar las actividades según lo que los animadores observen en los niños, lo mismo respecto a los objetivos, trabajar unos aspectos más que otros lo definirá la experiencia grupal de los niños y animadores.  Por ello, cada sesión requeriría prepararla con antelación, por lo menos acordar qué actividad terapéutica se realizará.

-         Asegurar el lugar de trabajo, la disposición de los profesionales, el material  posible de utilizar y la merienda.

-         Asegurarse que cuando el niño o niña viene al taller sabe de antemano de qué se trata. ( con quienes se encontrará y que tipo de cosas se hacen ) Si el niño tiene un referente adulto (profesional) esto facilitará la entrada al grupo. Si no es así se hará todo lo posible para que el niño o la niña se sienta esperado y disminuya su nivel de ansiedad frente a esta nueva situación.

 

 

Los animadores cuentan con las primeras sesiones (1ª-3ª)  para confirmar si el niño o niña puede trabajar y adaptarse al ritmo del grupo, puesto que la selección previa, aunque se haya hecho con cuidado, no siempre garantiza que un niño/a podrá enfrentar el desafío de trabajar con otros en un espacio bien estructurado adecuadamente.   Por tanto, puede ocurrir que niños muy disruptivos necesitarán no solamente la atención de un co-animador dentro del grupo, sino la finalización de su participación en el grupo hasta otro momento en que pueda sacar provecho de esta modalidad de trabajo. En estos casos, se les debe explicar a los niños y al mismo niño que  lamentamos que aún no está preparado para trabajar en grupo, pero que buscaremos otra manera de ayudarle, por ejemplo, trabajo individual. Es frecuente que niños con estas características necesiten una atención más individualizada, ocasión para que los animadores puedan derivarles a un trabajo individual.

Es importante recordar que la primera sesión de trabajo con niños es de gran importancia para los niños, porque da señales de cómo serán los próximos encuentros, lo que está y no está permitido hacer, el por qué para qué asistir y participar en el grupo, etc. Se recomienda que en la primera o segunda sesión las reglas del grupo sean elaboradas por lo menos en parte por los chicos y chicas, eso aumenta la posibilidad de que éstas sean respetadas.  En nuestro centro acostumbramos a hacer una lista conjunta, guiada por los animadores y buscando el consenso de todos los participantes, los chicos y chicas participan y proponen con mucho sentido común estas reglas de trabajo grupal.

Es una buena sugerencia pedirles a los niños que busquen un nombre para identificarse como grupo, eso es todo un trabajo de equipo, las ideas, ponerse de acuerdo, ser creativos y además crear un sentido de pertenencia y cohesión de grupo.

Estructura propuesta de las sesiones:

 

10 a 15”:    Bienvenida

                  Juego introductorio

10 a 15”:    Momento para compartir cómo ha ido la semana, lo que también puede utilizarse técnicas.

40 a 50”:    Desarrollo de la unidad: modelo de aprendizaje activo,      en un marco de trabajo interactivo, divertido y participativo.

15”:         Break. La pausa o el break tiene enorme importancia en los talleres. Es un momento más informal y relajado, acompañado de una merienda que guste a los niños.  Es en estos momentos que los animadores deben poner el máximo de atención a los niños, puesto que es una rica oportunidad en que estos pueden compartir cosas que probablemente no se han atrevido hacerlo a todo el grupo, pero sí a otro compañero o a un animador. Muchas veces tienen preguntas y comentarios que se atreven hacer en este momento y no durante la actividad más estructurada. También es una posibilidad de practicar lo aprendido, por ejemplo, cuando enseñamos destrezas sociales, asertividad, manejo de la frustración o reacción frente a una agresión, etc.  Es una rica oportunidad de enseñar a los niños también.

 

15”-20”      : Actividad de cierre. Una actividad compartida sobre el tema trabajado, un poster, un dibujo, una presentación, una canción, etc. también se puede terminar con un juego  o ejercicios de relajación.

 

 

METODOLOGÍA:

 

La metodología nos lleva a plantear a través de qué medios podemos utilizar para trabajar forma efectiva.

En general, los niños pueden compartir a través de la palabra muchas cosas sobre su mundo externo, pero cuando se trata de utilizar el lenguaje para expresar sus ideas y representaciones sobre un problema, una situación, sobre ellos mismos se les hace muy difícil, más si estos niños han sufrido algún tipo de violencia de forma directa o indirecta. Por tanto, nuestra metodología estará en función de su nivel de desarrollo así como del hecho  de ser víctimas o hijos de víctimas de algún tipo de violencia.  Trabajar con estos niños es reconocerles como víctimas y reconocerles también que sus dificultades de adaptación, emocionales y sociales son consecuencia de los que les ha tocado vivir.

Los contenidos terapéuticos generales, se trabajarán principalmente a través del juego y  la actividad artística y creativa.  El juego no es amenazante y por tanto los contenidos terapéuticos pueden  trabajarse de forma más placentera.  Existe una variedad de actividades que se pueden realizar con los niños de diversas edades.  Cada de ellas está diseñada para ser terapéutica y para brindar la posibilidad de que cada uno pueda compartir sus pensamientos y sentimientos en una manera no amenazante.  Por tanto cada actividad es seguida de un momento de discusión o conversación Cada actividad también da la oportunidad de practicar mejorando su conducta durante el juego y aprender nuevas destrezas que pueden ser aplicadas en la cotidianidad.

 

Técnicas y herramientas terapéuticas:

 

-   Utilización de videos o películas*

-         Material artístico: plastilina, colores, pintura digital, material desechable, papeles de colores y de revistas para hacer collage, globos, etc.

-         Rol playing*

-         Imaginería visual

-         Diversos juegos terapéuticos estructurados

-         Conversación

-         Ejercicios escritos

 

* Estas técnicas son de especial utilidad para trabajar con niños y niñas pequeñas, de acuerdo a las teorías de modelamiento y auto-eficacia descritas por Bandura (1989).

 

 

 

         

CONTENIDOS EDUCATIVOS-TERAPÉUTICOS

 

Para plantear los temas a trabajar en los diferentes grupos deberíamos considerar las necesidades de los niños en cada una de sus fases. Por ello, es importante ajustar nuestros objetivos al nivel de desarrollo del niño en sus niveles cognitivos, emocionales y conductuales.

El propósito de estos contenidos es ayudar a los niños y niñas a su desarrollo personal y social  a través de actividades creativas. Por ello, son actividades terapéuticas-educativas. El desarrollo personal tiene que ver con las capacidades y habilidades que contribuyen a crecer como persona en la convivencia con los demás.  Cada niño o niña del taller responderá a las actividades de manera diferente, sin embargo teniendo la oportunidad de participar en una variedad amplia de actividades que conducen a contenidos diferentes, éste tendrá la posibilidad de aprender y descubrir nuevas cosas sobre sí mismo.

Los temas o unidades que proponemos son una guía que pueden utilizarse de manera flexible, y pueden ser trabajados al ritmo que el grupo vaya trabajando.  Pueden ser trabajados en un solo ciclo o en varios. Cada tema será tratado como unidad. Cada unidad tiene sus objetivos y sus actividades, vosotros podréis optar qué actividades serán más pertinentes de desarrollar y también si queréis, podréis incluir otras actividades interesantes y entretenidas  que conozcáis adaptadas a las edades respectivas, que permitan llegar a los objetivos propuestos.

Las actividades propuestas de las unidades o temas son básicamente las mismas en ambos grupos de edades, pero hay algunas diferencias en la manera cómo se desarrollan o varían algunas actividades, por esa razón se presentan las actividades de cada grupo en forma separada.

 

 

Unidades a tratar:

 

1.- Sentimientos

2.- Identidad

3.- Autoestima

4.- Destrezas comunicativas 

5.- Trabajo en grupo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESCRIPCIÓN  DE LAS UNIDADES

 

 

UNIDAD  1: SENTIMIENTOS

 

Cuando un niño o niña ha vivido situaciones difíciles en su vida, y sobre todo si éstas no son pasajeras, a menudo presentan dificultades para expresar  y modular sus sentimientos.  La idea es poder ayudar a los niños a usar palabras para expresar sentimientos y emociones. Para ello, deben antes entenderlas, reconocerlas y detectarlas en ellos y en los demás.

Se comienza a trabajar con las emociones básicas: tristeza, rabia, felicidad y miedo.  Luego se progresa a otros registros emocionales más complejos tales como frustración, nervios, desagrado, soledad y  vergüenza.  Los niños son ayudados para reconocer sus propios sentimientos chequeando sus cuerpos, sus caras, sus expresiones y sensaciones en otras partes del cuerpo (nudo en la garganta, mariposas en el estómago) en ellos mismos.

Una vez reconocidas e identificadas las emociones usando las palabras para definirlas, se pasa a asociarlas a experiencias presentes y pasadas.

La tarea siguiente es ayudarles a desarrollar sus destrezas de “detectives” para buscar pistas en las expresiones, conductas, tono de voz, etc., de las diversas emociones en otras personas.  El hecho de aprender a reconocer emociones en ellos mismos y en los demás van aprendiendo a desarrollar la empatía, la toma de perspectiva y la regulación emocional.

Posteriormente, los niños deberían aprender estrategias para cambiar sentimientos negativos (como estar enfadado, frustrado y triste) en sentimientos más positivos.

Los niños que han vivido malos tratos o que les ha tocado crecer en un ambiente hostil presentan grandes dificultades para modular sus emociones, sus impulsos y deseos. Entre el primer y segundo año cuando los niños luchan por concretizar sus impulsos y deseos, tienen las típicas rabietas necesitan  una contención afectiva por parte de un adulto que les calme y les lleve otra vez a un estado de reposo y tranquilidad. Esta respuesta o control externo es lo que permite desarrollar paso a paso un control interno, una modulación de los impulsos y deseos y una regulación de sus emociones. En los niños víctimas de violencia ese adulto no ha estado presente  o mínimamente  lo suficiente  para calmar y contener,  por lo tanto el niño posteriormente le es imposible encontrar por sus propios medios calmarse y regular sus emociones. Por tanto, uno de los objetivos de esta unidad  es que los niños puedan aprender a diferenciar entre sentir y actuar sus emociones, particularmente la rabia, a reconocerla en ellos mismos y en los demás, así como a discernir modos adecuados e inadecuados de expresar la rabia.

 

 

 

 

UNIDAD 2: IDENTIDAD

 

Este tema lleva a que los niños puedan reconocerse como únicos, semejantes con sus pares en algunas cosas y muy diferentes en otras. La diferencia muchas veces tiene connotación negativa,  sobre todo cuando los niños se perciben diferentes que la mayoría de sus pares, como pasa con niños víctimas de la pobreza, la marginalidad o hijos de padres con muchos problemas socialmente visibles, por ejemplo, padre alcohólico. Por tanto trabajar sobre quiénes son ellos y cómo apreciar las particularidades de cada uno contribuye a desarrollar su identidad sanamente.  El auto-conocimiento permite fortalecernos y aprender también de nuestras debilidades.

En esta unidad, se realizarán ejercicios que lleven a los niños a pensarse, a auto-observarse para así promover al auto-consciencia y entonces de alguna manera afectar su capacidad de regular y controlar sus comportamientos.

 

 

UNIDAD 3: AUTOESTIMA

 

Los niños con experiencias positivas, buenos tiempos familiares y quienes graban en sus memorias emocionales estos buenos recuerdos,   van conformando su representación sobre sí mismos  como seres queribles y no sólo queridos, con capacidades y habilidades, inteligentes, listos, guapos, etc. porque la autoestima se construye en el día a día en la interacción  con ese entorno familiar cargado de una sana afectividad. Sin embargo, los niños que no han contado con este entorno nutritivo presentan una gran dificultad de poder contar con una imagen de sí mismos positivos; su autoestima negativa o pobre, emerge sin duda de una ausencia o carencia de buenos tratos. Por tanto, frente al mundo intentarán protegerse de las adversidades y agresiones del mundo adulto intentado compensar esta baja autoestima muchas veces con conductas omnipotentes, controladoras, oposicionistas y con una búsqueda de control constante sobre su medio y sus relaciones interpersonales.

Esta unidad está durante todo el taller trabajándose indirectamente, puesto que ofrecer una experiencia grupal donde cada niño es escuchado, apreciado y respetado tiene un valor potencial enorme.  Sin embargo, se contempla trabajar más directamente sobre ello a través de varias actividades que fortalecerán la autoestima de los niños desde el momento en que otros adultos se han interesado por su participación en este taller.

 

 

 

 

 

UNIDAD 4: DESTREZAS COMUNICATIVAS

 

La importancia de trabajar en esta unidad se justifica por hecho de que los niños y niñas que han sufrido directa o indirectamente las consecuencias de la violencia, con frecuencia presentan grandes dificultades de compartir su mundo interior, sus pensamientos y sentimientos. Cuando han sido bebés o muy pequeños, la respuesta conseguida frente a su demanda o expresión de sus emociones seguramente no siempre fue asertiva, sensata y con sensibilidad.  Por tanto, la comunicación cara a cara, genuina  puede ser para ellos amenazante con el mundo adulto y por ende, con sus pares. Por tanto, nuestro propósito de introducir este tema en los talleres es que los niños puedan continuar aprendiendo modos de comunicarse, de un modo más placentero, respetuoso y asertivo. 

 

Las actividades aquí propuestas pueden ser usadas para la comunicación de sentimientos, conseguir que unos hablen y compartan con otros, mejorar destrezas sociales y practicar destrezas verbales y de escucha. Por supuesto, se trata de aprender y de pasárselo bien a la vez.

 

 

UNIDAD 5: TRABAJANDO EN GRUPO

 

Las actividades de trabajo en equipo son interesantes para que los niños participen. Una actividad en grupo puede cubrir una variedad de aspectos y conducir a varios objetivos diferentes  al mismo tiempo. Puede desarrollar destrezas sociales, cohesión de grupo, confianza, sentido de pertenencia y aceptación de cada persona, todos aspectos interesantes de la resiliencia.  Hay situaciones en la vida que los niños tendrán que enfrentar como parte de un grupo, por ejemplo, aprendiendo a trabajar con otros, hacer proyectos escolares juntos, haciendo deportes, etc. necesitarán las destrezas necesarias para ser exitosos/as en situaciones de trabajo en equipo. 

Los objetivos son que los chicos y chicas puedan trabajar juntos hacia un fin común, a tomar decisiones  a través de un acuerdo, a contribuir a un proyecto grupal, resolver un problema como grupo, aprender aceptar las ideas de otros, etc.

Los niños víctimas de violencia tienen grandes dificultades para desarrollar una competencia social mínimamente adecuada.  Participar en sociedad, ser parte de ella de modo constructivo y no destructivo es todo un desafío para estos niños y niñas, por tanto, aunque este objetivo se trabaja transversalmente en todo el taller, es importante abordar el tema de una forma más directa, ayudando a los niños a ser más competentes en sus interacciones interpersonales a fin de  garantizar su  bienestar y el de los demás.

 

 

 

Bibliografía

 

1.   BARUDYJ. DANTAGNAN M., “Los buenos tratos a la infancia: Parentalidad, Apego y Resiliencia”. Editorial Gedisa. Barcelona. 2005.

2.   BARUDY J., MARQUEBREUCK A.P.”Hijas e hijos de madre resilientes” Editorial Gedisa 2006

 

1.   CYRULNICK, B. El murmullo de los fantasmas: volver a la vida después de un trauma. Ed. Gedisa. Barcelona. 2003.

 

1.   CYRULNICK, B., “Los patito feos. La resiliencia; una infancia infeliz no determina la vida. Ed. Gedisa . Barcelona .2001

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: